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Relatos

23/10/2013 Roque Hernández
Frankenstein, la criatura y su creadora

Para todos, la palabra Frankenstein está asociada a la imagen de ese monstruo familiar llevada al cine en múltiples versiones, sin embargo en el libro original fue escrito en 1818 por una mujer, Mary Wollstoncraft Shelley, bajo el título de " Frankenstein o el moderno Prometeo". En dicho texto, el engendro sin nombre ni parentesco era creado por Victor Frankenstein a partir de desechos de cuerpos humanos.
Más allá del mito que vive y vivirá con nosotros desde siempre, por tocar cuestiones fundamentales al ser humano, el libro de Mary Sehelley es un alegato sobre al acto de creación. "algo bulle en mi alma que no puedo comprender", dirá uno de los personajes de la obra, si bien eso que bulle atraviesa a todos los protagonistas de la misma, incluido al propio monstruo; es eso que bulle lo que los impulsa en esa búsqueda angustiosa, dolorosa y culpable en la que e mueven cada uno de ellos. Algunos párrafos de la obra nos permiten percibir el estado de desamparo y de angustia propiamente infantil por la que pasan algunos de sus personajes, donde el sujeto se debate frente a la rabiosa necesidad de alguien semejante a quien amar u odiar, ¿dónde estaban mis amigos y mis parientes?. Ningún padre había supervisado mis gracias infantiles, ninguna madre me había bendecido con sus sonrisas y caricias; o si lo habían hecho, toda mi vida pasada era ahora un borrón, un vacío insondable en el que nada distinguía. Hasta donde se remontan mis recuerdos, había sido igual que ahora en altura y proporciones. No había visto a ningún ser humano que es me pareciese, ni que reivindicase ningún tipo de parentesco conmigo. ¿Quién era yo? La pregunta surgió de nuevo para ser respondida sólo con gemidos. Podemos decir, sin lugar a dudas, que Mary Shelley pudo transformar el desamparo y el terror en ficción.
" Escribamos un cuento de fantasmas", este propuesta de Lord Byron a un grupo de amigos entre los que se encontraban su médico Polidori, ella misma y su marido, el poeta Percy B. Shelley, fue el desencadenante de la historia. La autora, en unas notas escritas trece años después dice: "yo me afané en idear una historia que rivalizase con las que nos habían movido a acometer aquella labor. Debía hablar de los miedos más misteriosos de nuestra naturaleza y despertar un terror trepidante".
Sin embargo nuestra Mary se encontraba cada mañana con la pregunta: ¿se te ha ocurrido algún cuento? y con la frustración de responder con lo que ella calificaba de una mortificante negativa. "Sentía esa vacua incapacidad de invención que es el mayor infortunio de la creatividad, cuando una nada anodina responde a nuestras ansiosas invocaciones [...] " la invención, admitámoslo humildemente, no consiste en crear de la nada, sino del caos; en primer lugar hay que suministrarle los materiales; puede dar forma a sustancias oscuras y amorfas, más nunca engendrará la sustancia misma [...] la invención se cifra en la habilidad para apropiarse de las posibilidades de un objeto, y en el poder de moldear y adaptar las ideas que de él se derivan".
Freud decía que los sueños son "la vía regia" del inconsciente y que estos se forman a partir de los materiales que nos proporcionan los "restos diurnos" y las huellas infantiles, que podríamos bien identificar como el caos del inconsciente. La misma autora recuerda que "de niña garabateaba y escribía historias, sin embargo su placer más arraigado era la construcción de castillos en el aire, la tendencia a soñar despierta "mis sueños eran al mismo tiempo más fantásticos y más agradables que mis escritos [...] A nadie tenía que dar cuenta de ellos; eran mi refugio cuando algo o alguien me importunaba, mi más caro placer cuando era libre"?
Una de esas noches, con la propuesta de Byron en la mente, dice Mary " no dormí, ni podría decirse tampoco que pensé. De un modo espontáneo, mi imaginación me poseyó y me guió, infundiendo a las sucesivas imágenes que se formaron en mi mente una vivacidad que traspasaba largamente las fronteras usuales de la meditación. Vi, con los ojos cerrados, pero con una aguda visión mental [...] vi el horripilante fantasma de un hombre que yacía estirado".
A partir de estas líneas, podemos decir que el creador y su criatura son una sola y misma cosa y que de algún modo la obra convertida en mito perdura desde hace casi doscientos años porque Frankenstein forma parte de nosotros mismos. Hacia el final de la obra el monstruo, reencontrando a su creador, le dice "pero tú, mi creador, repudias y menosprecias a tu propia criatura, a quien te atan lazos tan sólo disolubles por la aniquilación de uno de los dos".
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Psicoanalisis Cotidiano