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Relatos

18/05/2014 Mª Angeles Rodríguez
Poesía, la palabra que vuela

(Día del Libro, Abril, 2014) IES Azorín. Elda. Alicante
Otro Abril y nuestra fiesta de palabras, celebración compartida, dieciocho cursos ya, de la existencia de los libros y de los mundos que ellos nos regalan. Hoy será la palabra poética, la más libre si cabe entre las libres, la que estará presente envolviendo en su atmósfera este encuentro entre letras impresas, voces que las pronuncian, miradas y presencias que desean compartirlas.
La poesía es universo que no tiene fronteras, cauce que arrastra aluviones de pensamiento y de emoción, a veces lleva lodos de rabia, indignación y resistencia y en otras ocasiones llega a ser un fluir transparente de suavidad extrema entre las piedras. Hay tristezas, alegrías y miedos que no podrían verterse de otro modo para expresar su vibración, su éxtasis, su sentido profundo.
Desde el eje diacrónico de los poetas clásicos hasta la sincronía más contemporánea de la poesía urbana del rap, la palabra poética nos interpela porque nos llama con cierta honda verdad, la certeza de las incertidumbres y la expresión de toda emoción, espacio anímico donde nos comprendemos y donde nos solidarizamos sabiéndonos seres solos entre otros solos iguales a nosotros.
Desde todos los pueblos, desde sus magias, desde sus religiones, en todas sus formas, en todas las lenguas, en todas las visiones, se busca la palabra poética que nos haga temblar en el encuentro y en la despedida, en la alegría más alta y en el llanto, en el miedo ancestral y colectivo o en el más íntimo y solo de los miedos, el de la soledad.
Y la buscamos porque la poesía traspasa la frontera de la piel y comunica como ningún otro discurso del verbo lo esencial que es invisible tal vez, inconsciente tal vez, pero invencible y poderoso siempre...
Qué tendrá la poesía que nos deja desnudos y, sin embargo, de fortaleza revestidos. Tal vez la libertad, ese vuelo del alma, ese deseo, esas ganas de salir de tantas prisiones colectivas e individuales, conscientes e inconscientes, impuestas por los otros o autoimpuestas por nuestro cuerpo, nuestra mente o nuestro corazón.
Allí donde se visten las palabras con sus mejores galas, con sus adornos bellos, allí donde el vocablo tiembla, la semántica se quiebra, la sintaxis se torna sugerente y la cadena hablada es melodía y ritmo, allí está la poesía que nos conduce al necesario silencio o que nos encuentra en la convocatoria compartida.
Cuando los campos de aquello que creemos inefable ya están agostados, emerge la poesía, aflora de los pozos como agua y fecunda de nuevo nuevos brotes que no se formularían bajo el discurso de la prosa, bajo otro ensayo del decir. A modo de compañía necesaria lo poético en palabras, imágenes y música nos sustenta y sostiene, nos calma y alimenta, porque en su tejido, en su lenguaje, hay ritmos interiores que nos transitan irremediablemente. Lira y poesía, rap y cultura urbana, nana en boca de la madre, descubrimiento solitario de algún verso o hallazgos generacionales en canciones y textos poéticos. Necesaria como nunca y necesaria como siempre, la poesía sigue siendo como escribió G.Celaya un arma cargada de futuro...
Mª Ángeles Rodríguez
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Psicoanalisis Cotidiano