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Relatos

21/03/2017
¡Eh Jubilao!

En un lugar de levante
que llevo en el corazón
del que no quiero olvidarme
ni perdiendo la razón,
no hace mucho me jubilé
y me estoy acomodando.

Los meses me quedan cortos
y los estoy alargando,
sé que me acostumbraré,
en ello estoy trabajando,
creo que lo conseguiré
porque me estoy esforzando.

No es tan fácil y lo sé
siempre estuve trabajando,
se acabó la obligación
¿en esto salgo ganando?

No está clara esta razón
y en ello sigo pensando.

En un rincón de mi tierra
donde gobierna el amor,
allí estaré dando guerra,
de artesano y buen pastor.

23/12/2016 Perfecto Rico Cerdá
Molinet


Con buenos vientos llegué
y buenos vientos me llevan,
en los años que me quedan
siempre lo recordaré.

Molinet, lugar de paso.
Yo, con agrado pasé
una etapa de mi vida
que jamás olvidaré.

Mis amigos, compañeros
de situaciones vividas;
soplaron todos los vientos
de la rosa de la vida.

Forjando sentimientos,
experiencias compartidas,
tratando de fijar rumbos,
queriendo buscar salidas.

Molinet es roca firme
que cura heridas del alma,
donde se aderezan penas,
donde se encuentra la calma
22/06/2016 Perfecto Rico Cerdá
Agua bebida

La fuente donde mi sed apago
baña mi corazón y sangre ardiente,
va de la garganta a un lugar vago
y riega mis campos y mi mente.


Con gusto si la sorbo trago a trago
haciendo con medida conveniente,
al tiempo no la debo que la pago
cuidando de las cosas de la gente.

En todo lo que pasa y lo que hago
hay una consecuencia y referente
probando en mis carnes sin halago
de amores sembrador y otra simiente.
09/03/2016 Perfecto Rico Cerdá
Un gran yeclano




Nació de un crisol amado,
de esfuerzo y sudor forjado,
un ciudadano del mundo,
un luchador desgastado.

Cuántos años has vivido,
cuánta humanidad sembrado,
cuánto amor has repartido
y para ti no ha quedado.

En ángel te has convertido,
de tu cuerpo liberado
por siempre sigues cuidando
del hijo que no ha volado

Martin que en paz tu alma quede
que por la paz has luchado,
el deseo de un amigo,
que en tu vejez has ganado.
25/02/2016 Perfecto Rico Cerdá
Una piedra singular

Una piedra singular

Bajo un olmo se quedó
La vieja piedra labrada,
de algún muro o derribo
en una rambla arrojada.

Fui yo quien la recogió
Por si servicio prestaba,
a mi campo la llevé
y en un rincón la dejé,
aquella piedra llamaba.

Y al moverla descubrí
en una esquina grabada
bien definido un martillo
y una hoz que lo cruzaba.

Un emblema comunista
al descubrirlo exclamaba
¡sabe quién, qué circunstancia!
¿Por qué razón fue marcada?

La persona que lo hizo
a quien servicio prestaba
¿trabajaba en libertad
o algún yugo le obligaba?

Nunca lo voy a saber
porque la piedra no habla,
bajo un olmo coloqué
aquella piedra tallada,

Yo a su lado me senté
algún rato a meditar
¿qué es lo que pudo pasar?
y la piedra me contó
cuanto pude imaginar
porque la piedra no hablaba.
29/04/2015 Mª Ángeles Rodríguez
Las voces silenciadas

En el día del libro, de la palabra escrita, hagamos circular en nuestra voz las palabras de otros, que a través de distintos acentos se escuchen los hallazgos, los abrazos y las manos tendidas para restituir y recordar las voces silenciadas y componer con ellas una polifonía.
Porque en el río-curso de la historia y la intrahistoria y sus discursos legitimados, públicos, ha habido un magma de palabras perdidas que no han hecho transitables las miradas, los gestos, entre seres humanos a menudo.
El curso de la historia se vierte en cada lengua, un río en cuyas aguas observamos paisajes calmos o enormes turbulencias, desequilibrio abrupto entre las palabras, entre las que se permiten decir y las no dichas. Insalvables jerarquías en las voces que van por ese río, en ese discurrir de los discursos en el que unos se esculpen en el tiempo y otros se deshacen en fútil arenisca, se niegan y se olvidan.
Decimos las palabras, fusionamos sentidos, se hacen eco en nosotros las voces de otros seres, todo se fertiliza en un sentido estricto, pero, a veces, y a través de trayectos innúmeros, olvidamos que hubo y que hay trozos de pensamiento en el exilio, fragmentos del sentir, acallados, voces que se desdibujaron en los libros no escritos o en los quemados libros.
Como ha sido en las letras y en la vida la voz de la mujer de cualquier religión, etnia o cultura. Seminal e insoslayable voz que sólo de soslayo se ha escuchado y todavía y en tantos sitios de soslayo se contempla y se mira.
El hombre en la historia con todas las palabras y la mujer asida a secular silencio. Una voz atrapada entre los muros férreos. Un hermetismo antiguo que daña aún los cuerpos en muchas geografías por distantes que sean.
Sin flexionar y tristes estas voces aún no son atendidas en su corpórea sonoridad, es decir, en su existencia misma.
Sin interlocutor en la otra orilla que acoja, que sostenga, que discrepe o coincida, un ser, una etnia, un pueblo se tornan desvalidos, humanamente mutilados y en su raíz más honda, agredidos.
Tal es el poder que tienen las palabras y tan inequívoca relación con aquello que somos que el hecho de que alguien nos niegue la palabra o nos niegue en la palabra es la mayor herida. Porque qué somos sino palabras –el verbo se hizo carne- leemos en la Biblia. Las palabras nos dicen, con palabras decimos, estructuran, conforman esencial superficie y lámina de hondura. Nos invisten y visten y abren los cauces que permiten caminos para escuchar y hacernos escuchar a lo largo de todos los periplos.
Ancestrales las lenguas también son entes vivos. Viven en el presente en cada ser y si las pronunciamos llegan a ser latidos, marcas, significantes, y si las silenciamos se ahogan y nos ahogan en el río.
Que pasen por nosotros las palabras heredadas y tejan nuestras voces desterrando las rígidas, inflexibles palabras que exilian al silencio la singularidad del diferente y esa que nos alienta a cada uno.
Que pasen por nosotros las palabras y nos autoricemos a decirlas, sin negar a los otros y sin negarnos a nosotros mismos porque ya no es sostenible mantener los discursos que minan, que nos dañan, ni el temor clandestino de decirnos ni el temor intestino que impide que miremos deseados paisajes, que nos arriesguemos y subamos la escala para romper silencios que nos rompen.
Las palabras inventarán en cada uno constelaciones nuevas en las que pensar, sentir, estar, escuchar, ser escuchados y hacernos escuchar. Que queremos las palabras de todos y de todas y entre esas voces, pronunciada y bien clara, una palabra tuya.

Mª Ángeles Rodríguez
23 Abril 2015
08/10/2014 Perfecto Rico
De Orihuela y su poeta Miguel Hernández

Impresiones y deseos


Tan frío como tu tumba
tu recuerdo en tu ciudad
tus paisanos, sus palmeras,
tu memoria, ¿dónde está?.

Y la gloria que ganaste
con tus versos sin cesar,
odio y guerra te callaron
matando felicidad.

Y de allá desde la gloria
mándanos rayos de paz
que destruyan egoismos
causantes de todo mal.

Y los rayos que no cesen
hasta que haya libertad.

Orihuela tierra fértil
tu riqueza, ¿dónde está?

18/05/2014 Mª Angeles Rodríguez
Poesía, la palabra que vuela

Otro Abril y nuestra fiesta de palabras, celebración compartida, dieciocho cursos ya, de la existencia de los libros y de los mundos que ellos nos regalan. Hoy será la palabra poética, la más libre si cabe entre las libres, la que estará presente envolviendo en su atmósfera este encuentro entre letras impresas, voces que las pronuncian, miradas y presencias que desean compartirlas.
La poesía es universo que no tiene fronteras, cauce que arrastra aluviones de pensamiento y de emoción, a veces lleva lodos de rabia, indignación y resistencia y en otras ocasiones llega a ser un fluir transparente de suavidad extrema entre las piedras. Hay tristezas, alegrías y miedos que no podrían verterse de otro modo para expresar su vibración, su éxtasis, su sentido profundo.

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23/10/2013 Roque Hernández
Frankenstein, la criatura y su creadora

Para todos, la palabra Frankenstein está asociada a la imagen de ese monstruo familiar llevada al cine en múltiples versiones, sin embargo en el libro original fue escrito en 1818 por una mujer, Mary Wollstoncraft Shelley, bajo el título de " Frankenstein o el moderno Prometeo". En dicho texto, el engendro sin nombre ni parentesco era creado por Victor Frankenstein a partir de desechos de cuerpos humanos.
Más allá del mito que vive y vivirá con nosotros desde siempre, por tocar cuestiones fundamentales al ser humano, el libro de Mary Sehelley es un alegato sobre al acto de creación. "algo bulle en mi alma que no puedo comprender", dirá uno de los personajes de la obra, si bien eso que bulle atraviesa a todos los protagonistas de la misma, incluido al propio monstruo; es eso que bulle lo que los impulsa en esa búsqueda angustiosa, dolorosa y culpable en la que e mueven cada uno de ellos. Algunos párrafos de la obra nos permiten percibir el estado de desamparo y de angustia propiamente infantil por la que pasan algunos de sus personajes, donde el sujeto se debate frente a la rabiosa necesidad de alguien semejante a quien amar u odiar

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27/12/2012 Juan Liaño
La fiesta de Mo

Acaban de dar las ocho de la mañana y el ajetreo en la oficina ya es de infarto: siempre exigente, exprime a los adormilados oficinistas al ciento diez por ciento sin esperar a que calienten motores y espabilen un poco.
Los tubos de neón, colocados en hileras paralelas, cubren la superficie del techo; son tantos que no dejan lugar a las sombras para perfilar de claroscuros los contornos de las cosas y de los cuerpos, acentuando así su lado más impersonal.
A Mo, de habitual noctámbulo y poco amigo del despertador, hoy no parece afectarle especialmente la carga de trabajo ni el ruido de fondo ni las luces. Lleva levantado tres horas y media y sigue como una moto, ajeno a las horas que le ha robado al sueño y a sus consecuencias, como que se quede sin batería cuando más lo necesite.
Mientras los demás tiran de mala gana de sus cuerpos para cumplir con el rito diario, él no para; va y viene, sale y entra de los cubículos que parcelan la enorme planta -más de mil quinientos metros cuadrados- de la oficina, desaparece tras los paneles, reaparece, viene, va, vuelve sobre sus pasos, va, viene, desaparece, reaparece vuelve a venir, a irse, a perderse, y todo sin dejar de morderse con avidez lo que le queda de las uñas tras las mordidas anteriores: no lo puede evitar, dice, a pesar de que ya le duelen un poco las encarnaduras.

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